AirSpace Temporada 10, episodio 10: La indomable Pancho Barnes

Pancho Barnes fue una figura legendaria. Nació a comienzos del siglo XX y pasó los siguientes 75 años desafiando todas las normas sociales que le parecían estiradas, aburridas o, simplemente, ridículas. Montaba a caballo y también pilotaba aviones en películas. Participó en carreras aéreas y durante un tiempo ostentó el récord femenino de velocidad. Fue dueña de una emblemática posada/restaurante/club/hotel/aeropuerto en el desierto, cerca de lo que luego sería la Base Aérea Edwards. El Happy Bottom Riding Club contaba con Pancho y su personalidad arrolladora, y con personajes célebres como Roy Rogers y Chuck Yeager. En este episodio, exploraremos la emocionante vida de Pancho Barnes.

En este episodio:

  • ¿Quién fue Pancho Barnes?
  • Su contribución durante los primeros años de la aviación.
  • El legado de Pancho

 

Agradecemos a quienes nos acompañaron en este episodio:

  • Lauren Kessler, autora de The Happy Bottom Riding Club: La vida y los tiempos de Pancho Barnes

Transcripción de AirSpace, Temporada 10, Episodio 10: Pancho Barnes

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Entra el tema de AirSpace, luego queda de fondo.

Emily: Les damos la bienvenida a AirSpace, un programa del Smithsonian's National Air and Space Museum. Soy Emily.

Matt: Y yo soy Matt. Pancho Barnes es una figura familiar para quienes estudian la era de los vuelos acrobáticos o para cualquier persona familiarizada con la Base de la Fuerza Aérea Edwards en las décadas de 1940 y 1950. Pero no es tan conocida para el común de la gente.

Emily: Pancho era corredora aérea, piloto de acrobacias, iniciadora de fiestas, generosa en exceso y un personaje extraordinario que rompió las normas para las mujeres de su era y su clase social.

Matt: Hoy en AirSpace, patrocinado por Lockheed Martin, repasaremos su vida desde su niñez indulgente hasta su muerte solitaria en el desierto.

La música de AirSpace sube y después se apaga.

Emily: Para comprender mejor la vida de Pancho, hablamos con una de sus biógrafas.

Lauren: Soy Lauren Kessler. Vivo en el noroeste del Pacífico. Soy escritora. He escrito 15 libros, de los cuales uno es la biografía de Pancho Barnes.

Matt: Pancho Barneses un personaje interesante, ¿cierto? Nació justo a comienzos del siglo XX, en 1901. En realidad, no nació con el nombre de Pancho —como uno podría imaginar—, sino que se llamaba Florence Leontine Lowe. Su abuelo fue inventor y aeronauta, y se lo considera el bisabuelo de la Fuerza Aérea.

Emily: Si les interesa el mundo de los globos aerostáticos —como a nosotros, que nos encanta—, Thaddeus S.C. Lowe fue uno de los primeros aeronautas en la Guerra Civil. Subía a su globo sujeto con una cuerda y telegrafiaba los movimientos de la Confederación al Ejército de la Unión. Le gustaba decir que fue el hombre de la guerra que más balazos recibió.

Matt: Para cuando nació Florence, la fortuna de los Lowe ya se había esfumado, pero la familia de su madre, los Dobbins, seguía siendo muy rica. Así que creció rodeada de lujos en San Marino, California, en las afueras de Pasadena, dentro de la clase alta que dominaba la vida social.

Lauren: Lo que más me fascina de Pancho es que, si pensamos en la época y la cultura en la que nació —sobre todo, en la cultura femenina— y en su clase social, las expectativas que había para su vida eran muy distintas del rumbo que finalmente eligió.

Nació en el seno de una familia acomodada, en la riqueza de Pasadena, California. Estaba destinada, creo yo, a una vida protegida, femenina y privilegiada. Su abuelo fue un gran aventurero y aviador. Al principio, tenían una relación muy cercana. Creo que eso encendió, sin dudas, su pasión por volar y por asumir riesgos.

Emily: Creo que podemos culpar a Thaddeus por el espíritu aventurero de Pancho, ¿no, Matt?. Fue su abuelo quien realmente le inculcó esa pasión por la aventura y también quien la llevó a su primer espectáculo aéreo, donde vio aviones por primera vez en 1910.

Matt: Ya hemos hablado de esos primeros días de la aviación y de lo peligrosos que eran. Si ibas a un espectáculo aéreo en esa época, veías a personas volando en avionetas pequeñas haciendo acrobacias increíbles, ¿no?

Emily: Exacto. Y tanto su abuelo Thaddeus como, en cierta medida, su padre, trataban a Florence —quien pronto sería Pancho— como al hijo de la familia. Pancho tenía un hermano mayor, pero se enfermaba mucho y murió de leucemia cuando ella tenía apenas 12 años. Es muy interesante cómo en esa época se insistía mucho en mantener los roles de género, pero solo hasta cierto punto. Cuando los niños son pequeños, no importa tanto como cuando crecen.

Matt: Sí. Desde muy pequeña le enseñaron a montar a caballo y a disparar. Le permitían montar y disparar por las propiedades de sus padres y abuelos. Básicamente, hacía lo que quería, cuando quería, al cuidado de empleados y niñeras. Nunca tuvo que aprender tareas domésticas.

Comenzó su educación con tutores privados. Pasó un tiempo en una escuela pública local, pero cuando murió su hermano, su madre se dio cuenta de que iba a necesitar más atención.

Lauren: La enviaron a varios internados, y pasó por varias escuelas privadas. Los programas de estudio para chicas en ese entonces, por supuesto, no incluían nada que te preparara para subirte a un avión, entender el vuelo o la física. Estaban pensados para una vida doméstica tranquila y para cuidar de una familia.

Ella se portaba mal. O sea, era como si estuviera genéticamente predispuesta a portarse mal desde pequeña. Y sí, al final la expulsaron por hacer bromas que hoy en día probablemente no le costarían la expulsión a nadie. Pero no encajaba en ese molde de chica tranquila, bien vestida, que esperaban sus padres y su entorno social.

Además, la casaron a los 18 con un pastor. [Risas] Y cualquiera que haya leído algo sobre la vida de Pancho sabe que es algo más que irónico.

Emily: Se llamaba C. Rankin Barnes, y fue la madre de Pancho quien lo eligió. Y aunque Florence tenía poco interés en convertirse en la “buena esposa” que la sociedad esperaba, quería complacer a su madre.

Si bien Barnes no era rico, era respetable y tenía una calma que contagiaba. La madre de Florence tenía la esperanza de que esa calma influyera en su hija.

Matt: No fue así.

Emily: Sorpresa, sorpresa. Ya sabíamos cómo iba a terminar eso.

Matt: Sí, exacto. Nada sorprendente. Un spoiler que no es spoiler. En fin. [ambos ríen]

Después de la boda, Florence quedó embarazada durante la luna de miel. Cuando regresaron a la casa parroquial, la vida le resultó asfixiante: no tenía las comodidades ni los sirvientes a los que estaba acostumbrada y tampoco las libertades que solía tener.

Así que decidió pasar su tiempo como siempre lo había hecho: con los caballos en la finca de sus padres. En otras palabras, se fue de la casa parroquial y volvió con los caballos.

Emily: Después de que nació su hijo Billy, Florence intentó desempeñar el papel de esposa y madre, pero se dio cuenta de que no era lo suyo. Entonces descubrió una nueva gran aventura: Hollywood.

Matt: Empezó a frecuentar los sets de cine y se dio cuenta de que sus caballos bien entrenados y habilidades como jinete eran muy bien recibidos y además le pagaban. Era la época de las óperas de caballos y los wésterns, así que los caballos tenían un rol importante en el cine de ese momento.

Emily: Cuando comenzó a trabajar en Hollywood, Pancho empezó a ganar su propio dinero, que usó para pagarle a una niñera y mudarse de la casa de su marido. Básicamente, eso le permitió hacer lo que quisiera y nunca más volvió a vivir con Barnes. Aunque, con el tiempo, mantendrían una especie de amistad distante y peculiar durante muchos años. Y estar casado, pero sin tener que ocuparse de una esposa parecía venirle bastante bien a Barnes.

Matt: En muchos sentidos, es aquí donde comienza la verdadera aventura de Pancho Barnes. Porque ahora que está libre de su marido, puede convertirse realmente en Pancho. Así que empieza a lanzarse a cualquier aventura que se le cruzara por delante, como vestirse de hombre y embarcarse como marinera en un barco bananero mexicano que, en realidad, no era un barco bananero, sino un barco que contrabandeaba armas con destino a México, que en ese momento estaba en plena guerra civil.

Así que no estamos hablando de aventuras inocentes, como un viaje por EE. UU., sino de traficar armas rumbo a México.

Emily: Son aventuras épicas.

Matt: Al final, tuvo que dejar el barco con uno de sus amigos y volver por tierra hasta California.

Lauren: Según contó, cruzó México de punta a punta, desde el Atlántico hasta el Golfo de México, la mayor parte del tiempo a lomo de un burro.

Según su relato, este amigo le dijo: “¡Te parecés a Sancho Panza!”, pero lo pronunció mal y dijo “Pancho Sánchez”. Y de ahí salió su apodo: Pancho. Lo adoptó desde ese momento para siempre. Nunca más volvió a llamarse a sí misma Florence.

Emily: En ese momento, nace Pancho Barnes. Me encanta esta historia porque ella ya estaba en camino de convertirse en Pancho, pero es como si aquí naciera esa personalidad. Me encanta. Y, por supuesto, ya estaba lista para su próxima aventura: dejar el barco y lanzarse al aire.

Los caballos no son un hobby económico, y Pancho tenía gustos caros. Cuando su madre murió en 1923, Pancho heredó mucho dinero y una gran cantidad de propiedades.

Ahora que tenía tanto dinero, comenzó a buscar una nueva aventura. Pancho acompañó a un primo que quería tomar clases de vuelo en un aeródromo local. Apenas vio el avión, supo que ella también tenía que volar.

Lauren: La primera vez que la llevaron a volar, el piloto en cuestión hizo todo tipo de maniobras para hacerla vomitar. De verdad. Bucles, giros, vueltas, lo que se te ocurra. Yo ya me siento mal solo de pensarlo.

Pero, según cuenta ella, le encantó. Se divertía y reía, y en ese momento logró ganarse el respeto de ese piloto cascarrabias y malhumorado, que dijo: “Está bien, te voy a dar clases”.

Matt: Pero como dijimos, ella tenía dinero. Así que una vez que empezó con las clases, usó parte de su herencia para comprarse un avión. Y después otro, y otro más. Estaba claro que había quedado completamente fascinada con la aviación.

Emily: Era un momento brillante para engancharse con la aviación porque, así como usó su experiencia con los caballos y la equitación para meterse en Hollywood, ahora llevó esta nueva habilidad de volar al mundo del cine. Aprovechó sus contactos y su interés en formar parte del universo del espectáculo para conseguir trabajos como piloto en películas.

También vio de primera mano lo peligrosas que eran las condiciones de trabajo y lo bajo que era el salario que recibían ella y sus compañeros pilotos por realizar acrobacias arriesgadas. Así que en 1930 fundó la Association of Motion Picture Pilots, el primer sindicato de pilotos acrobáticos del cine.

Matt: Y además de trabajar en películas, también participaba en carreras. En esa época, integraba The Ninety-Nines, organización de la que ya hablamos en este programa. Pancho participó en el Women's Air Derby de 1929, la primera edición de esa carrera. Tuvo un accidente al principio, pero volvió en 1930 y ganó la competencia.

Ese mismo año también batió el récord de velocidad aérea femenino y le quitó el título a nada menos que Amelia Earhart, la “novia de América”.

Emily: En ese momento, también tenía el patrocinio de una compañía petrolera y ganaba dinero probando aviones para distintas empresas, sobre todo de Lockheed. Para los fabricantes, Pancho tenía una combinación ideal: una piloto sumamente competente y experimentada, y una mujer cuya sola presencia avergonzaba a los hombres que tenían miedo de volar.

¡Esta parte me encanta, Matt! Me encanta. “¡Vamos, chicos! Si ella puede hacerlo… ¡Vamos!”

Matt: Y sabemos que esta era una táctica bastante común en esa época. Margaret Weitekamp habla de este tema en un capítulo de su libro Right Stuff, Wrong Sex. Si lograbas que una mujer volara un avión al que los hombres no querían ni acercarse porque pensaban que era una trampa mortal, haces que esos hombres se sintieran avergonzados de tenerle miedo a algo que una mujer podía pilotear.

Lo mismo pasó con el B-29. “Puede volarlo una mujer, ¿por qué tienes tanto miedo?”. Es muy sexista, pero era propaganda eficaz para convencer a los hombres de subirse a aviones que, en efecto, eran peligrosos. Pero estas mujeres, que eran pilotos muy capacitadas, podían manejarlos perfectamente.

Emily: Me imagino a Pancho Barnes llegando al trabajo un día, riéndose mientras se acerca al avión, con esa actitud valiente y diciendo: “¿Cuál es el problema, chicos? Tranquilícense, vamos a hacerlo”.

Matt: Disfrutaba mucho de volar. Gastaba todo el dinero de la herencia que había recibido comprando aviones y organizando todo el tiempo fiestas para sus amigos del mundo de la aviación y de Hollywood en sus distintas propiedades. Era, en cierto sentido, como el Gran Gatsby de la aviación: generosa hasta el exceso, alimentaba, alojaba y cuidaba a cualquiera que le cayera bien y considerara amigo.

Emily: Pero cuando llegó la Gran Depresión, el derrochador estilo de vida de Pancho empezó a pasarle factura. Se quedó sin dinero. Tuvo que vender la mayoría de sus propiedades y decidió mudarse al desierto. No la culpo. A mí también me gusta el desierto.

Matt: Sí, me gusta la idea.

Emily: Aunque tú eres del desierto, así que entiendo que tengas cierta nostalgia.

Matt: Sí, es verdad.

Lauren: Así que vendió esas propiedades —probablemente a pérdida—, que eran parte de su herencia, y con eso financió este… voy a decirlo, este pedazo de tierra de mala muerte en el desierto de Mojave.

Matt: No se mudó a un lugar completamente desconocido. En realidad, Pancho ya había volado muchas veces sobre el desierto de Mojave y había visto desde el aire un lago seco que le pareció perfecto para construir una pista de aterrizaje. Y eso fue lo que hizo. En 1935, compró una granja de alfalfa en Muroc, California, y allí estableció un rancho y una pista.

Emily: Durante los seis años siguientes, Pancho crio caballos —obviamente—, perros, cerdos y vacas. Construyó edificios, se ganó la antipatía de sus vecinos y estableció Rancho Oro Verde. El rancho y restaurante se volvieron muy populares entre sus amistades del mundo de la aviación y de Hollywood.

Lauren: Tenía su propia pista de aterrizaje, así que sus amigos, los del cine y los del aire, podían llegar volando. Y además había un restaurante y algunas chicas que ofrecían algo más que comida.

Se llamaba Happy Bottom Riding Club. Uno pensaría que el “happy bottom” (“trasero feliz”) tiene alguna connotación sexual. Tal vez para ella sí la tenía, como un juego de palabras. No lo sé. Pero la explicación oficial era que si montabas uno de sus caballos, terminabas con un trasero feliz.

Matt: Y el Happy Bottom Riding Club también era muy popular entre los soldados de la base aérea del Ejército en Muroc, que estaba en las cercanías. Literalmente, no había ningún lugar de interés para los pilotos del Ejército y, en ese entonces, en Muroc no había más que unas carpas y una pista de aterrizaje. Así que los muchachos pasaban mucho tiempo en el restaurante de Pancho.

Ella les cocinaba, los emborrachaba y les alquilaba caballos para montar por el desierto. Esperamos que no montaran estando borrachos. Tal vez primero montaban y después tomaban.

Emily: Sí, ojalá fuera así, Matt.

De a poco, el lugar de Pancho fue creciendo, y también la base aérea. El Ejército la contrató para llevarse la basura, que ella usaba para darles de comer a sus cerdos. Nos encanta esa idea de reducir, reutilizar, reciclar. Y también les vendía leche y carne para abastecer la base. Era amiga de muchos de los pilotos y de los comandantes y era muy querida por todos.

Cuando sucedió lo de Pearl Harbor, empezó a haber mucho movimiento en la base.

Matt: Toda esa actividad que trajo la guerra también fue muy beneficioso para Pancho. En 1941, Pancho ya había convertido su terreno en una mezcla de aeropuerto, hotel, club, restaurante y rancho, y la cantidad enorme de soldados en entrenamiento que pasaban por Muroc mantuvo estable su negocio durante toda la guerra.

Emily: Pero —y esto es un patrón— Pancho era muy mala manejando el dinero y apenas llegaba a pagar las cuentas. Además, se había divorciado en los últimos años de la guerra y, a lo largo de su vida, se casaría y divorciaría de tres hombres más.

Para cuando terminó la guerra, la base aérea de Muroc se había convertido en un enorme centro de operaciones del Ejército. Además del entrenamiento básico de vuelo y las prácticas de bombardeo, también era sede de un programa secreto de desarrollo y pruebas con aviones cohete.

[emocionada] ¡Y acá es donde hablamos de Los elegidos de la gloria!

Matt: Así es. Si vieron la película Los elegidos de la gloria…

Emily: Yo la vi, Matt.

Matt: …entonces, acá es donde las cosas te empiezan a sonar familiares porque, después de la guerra, el club y los otros negocios prosperaron, gracias a los pilotos de prueba, los mismos que aparecen en Los elegidos de la gloria. En 1946, la base fue transferida a la recién creada Fuerza Aérea, y durante los años cuarenta y cincuenta, se rompieron muchos récords y se probaron nuevos aviones. El restaurante de Pancho fue el centro de las celebraciones para todos esos pilotos de prueba.

Emily: Conocí a Pancho Barnes en Los elegidos de la gloria, aunque no sabía que estaba conociendo a Pancho Barnes hasta que hicimos nuestro episodio sobre The Ninety-Nines. Había oído hablar de ella desde hacía tiempo, pero no sabía que ya la conocía.

Ser piloto de pruebas debe ser un trabajo increíblemente estresante, pero también te debe llenar de adrenalina. Por eso, usaban el rancho de Pancho para liberar tensiones antes y después de los vuelos, y también para celebrar —o llorar— la vida de muchos compañeros que quedaban “atornillados” contra el duro suelo del desierto.

Y “atornillarse” significa lo que se imaginan: estrellarse y morir. Como dijimos, ser piloto de pruebas es un trabajo extremadamente peligroso, así que tener un espacio comunitario como este, donde los pilotos pudieran reunirse y rendir homenaje a sus colegas, era algo muy valioso e importante. Esa era la función que tenía el Happy Bottom Riding Club.

Matt: Un piloto que fue amigo de Pancho toda la vida fue Chuck Yeager, quien en 1947 rompió la barrera del sonido. Pero la noche anterior a ese vuelo que hizo historia, Chuck y su esposa estaban disfrutando de la hospitalidad de Pancho.

Lauren: La noche antes de que se subiera al avión para intentar romper la barrera del sonido, Chuck montó uno de los caballos de Pancho. Puede que estuviera un poco borracho, o tal vez simplemente no era muy buen jinete. No lo sé.

El caballo chocó contra una cerca cuando volvían al corral, y Chuck se rompió una costilla. No quiso contarle a nadie porque no le permitirían volar. Así que le pidió a un médico o a un amigo que lo vendara.

Cuando se sube al avión, no puede girar bien el cuerpo para cerrar la puerta, así que lleva consigo un palito para cerrarla desde adentro. Y así fue como, con una costilla rota por montar un caballo que le alquiló Pancho Barnes, Chuck Yeager rompió la barrera del sonido.

Emily: Según Chuck, el piloto y su esposa estaban regresando al establo a toda velocidad, y él no vio que la puerta estaba cerrada hasta que ya era demasiado tarde. Fue un veterinario del lugar quien le vendó las costillas. O sea, costillas son costillas, ¿no, Matt? [ríe]

Matt: Claro, ¿por qué no? [ríe] Todo esto pasó durante la época dorada del Happy Bottom Riding Club. Pero a fines de los años cuarenta, un nuevo comandante asumió el mando y estaba decidido a transformar la base aérea —ahora renombrada como Base de la Fuerza Aérea Edwards— en un lugar mucho más disciplinado y eficiente. Detestaba a Pancho, y Pancho lo detestaba a él.

Tardó unos años, pero la época de los pilotos de prueba que volaban “a puro instinto” y que encontraban su segundo hogar en el club de Pancho estaba llegando a su fin.

También hubo un cambio más amplio en la cultura de los pilotos de prueba en esa época. En los días de Chuck Yeager, los pilotos de prueba eran más bien vaqueros. No eran necesariamente ingenieros. Su trabajo era volar los aviones para comprobar que funcionaran y detectar problemas.

Posteriormente, la nueva generación de pilotos de prueba —especialmente, los que después se convertirían en astronautas— eran en su mayoría ingenieros. Volaban aviones mucho más sofisticados, donde necesitabas ese conocimiento técnico para entender cómo funcionaba la nave.

La cultura de los pilotos había cambiado también. No es que ya no les gustara tomar y pasarla bien, pero no eran los mismos vaqueros que en los días de Chuck Yeager.

Emily: Aunque en ese momento la Base de la Fuerza Aérea Edwards ya era enorme, la Fuerza Aérea quería expandirse aún más y planeaba construir una pista de aterrizaje muy larga para aviones nucleares experimentales que atravesaría la tierra de Pancho.

Matt: A principios de la década de 1950, el gobierno expropió todos los ranchos cercanos al establecimiento de Pancho. Tiempo después, el gobierno le hizo una oferta por sus más de 145 000 hectáreas, la mayoría desarrollados con agua y edificios. Le ofrecieron 205 000 dólares, una suma que ella consideró un insulto.

Emily: La verdad, la comprendo. 145 000 hectáreas es un territorio extenso, pero también hay que considerar todo lo que ella había construido ahí. No era un territorio desértico, eran 145 000 hectáreas de tierra desarrollada. Había hecho muchas inversiones.

Lauren: Pero Pancho era un verdadero dolor de cabeza para ellos. Más que un dolor de cabeza, una pesadilla. Y no podían esperar a que ella se fuera.

Matt: Sí, la expropiación permite al gobierno comprar la propiedad y el dueño tiene que aceptar, pero se supone que deben pagar un valor de mercado justo por la tierra.

Emily: Entonces Pancho los demandó y argumentó que su terreno valía mucho más de lo que el gobierno estaba ofreciendo, y que estaban arruinando su negocio y su forma de vida, y que debían indemnizarla por eso.

Pero mientras esperaban la resolución judicial, varios de sus edificios se perdieron en un incendio de origen desconocido. Había indicios de que fue intencional, pero nunca se confirmó. Y si fue intencional, no había pruebas que apuntaran a un culpable en particular.

Lauren: Aún se podía distinguir dónde habían estado algunos de los edificios. Quedaron algunas bases y algunos escombros. Se notaba que algo había habido, pero se quemó prácticamente todo.

Y eso fue todo. Primero, no pudo reconstruir porque no tenía dinero. Y también porque la Fuerza Aérea quería tomar control del terreno.

Pero ella quiso intentarlo de nuevo. Tenía un plan descabellado para hacer otra cosa con caballos, no el Happy Bottom Riding Club, sino otro tipo de proyecto ecuestre en otro lugar.

Matt: Pancho recibió dinero a cuenta de la oferta inicial del gobierno y se vio obligada a abandonar el terreno. Trasladó a todos sus animales, sus aviones y a su cuarto marido a un lugar aún más desolado llamado Gypsy Springs.

Emily: Finalmente, tras varios juicios, Pancho recibió en 1956 más de 400 000 dólares del gobierno por su terreno. Con ese dinero compró más tierras en Gypsy Springs, además de equipo agrícola, aviones y caballos para su nuevo rancho.

Matt: Pero, lamentablemente, Gypsy Springs no era como Muroc. No tenía una granja, la tierra no era fértil, no tenía dónde guardar a sus caballos ni con qué alimentarlos. Ya no tenía contratos con el ejército ni militares aburridos que se convirtieran en sus clientes. Y, a pesar de toda su generosidad, para entonces no tenía amigos.

Emily: También estaba muy enferma. Había tenido hipertensión la mayor parte de su vida, y ahora tenía cáncer de seno, que ya había sido tratado. Luego tuvo un problema de tiroides, que con el tiempo pudo controlar con medicación. Había vivido intensamente y de manera difícil toda su vida.

Matt: Tenía todos esos problemas de salud. Muchos ya tratados, pero ahora vivía en una casucha sin agua corriente. No tenía habilidades domésticas para cocinar o mantener el lugar limpio. Y además, le faltaba la vida social a la que estaba acostumbrada. No había casi nadie cerca, y Pancho disfrutaba mucho de la compañía de las personas. No era una situación nada ideal para ella.

Con el tiempo, la gente empezó a encontrarla. Fue redescubierta por entusiastas de la aviación alrededor de 1970. Muchos pensaban que ya había muerto, pero, en realidad, seguía viva, y la recibieron en sus reuniones de club, donde les encantaba escuchar sus historias.

A pesar de todo, Pancho siguió siendo un personaje único hasta el final. Sus historias eran increíbles. Le gustaba sorprender a la gente, era el alma de cualquier lugar en el que estuviera. Pero, finalmente murió de un ataque cardíaco en 1975, tal vez por complicaciones del cáncer de seno.

Y no la encontraron hasta al menos una semana después.

Lauren: Se mudó a una casita que es el alfa y omega de su vida. Si pensamos que nació en una mansión de Pasadena y murió en una choza, tenemos una historia interesante. Y en medio hubo todo tipo de contrastes. No es una historia perfecta, hubo días oscuros y momentos de gloria, fue una vida con muchos altibajos. Pero así comenzó y así terminó.

Matt: Los pocos amigos que la ayudaron en esos últimos años consiguieron permiso para sobrevolar y esparcir sus cenizas sobre las ruinas de su antiguo club.

Emily: Siento que es un final triste para una historia muy importante, Matt, pero no sé si...

Matt: Claro. Todas las historias tienen un final, ¿no?

Emily: Todas las historias tienen que terminar, pero creo que dejó un legado muy importante. La historia que contamos es la razón por la que la gente puede entender por qué es una figura imperecedera.

Matt: Sí, definitivamente dejó un gran legado. Una de las cosas sobre Pancho es que la forma en que la hemos conocido es a través de historias de pilotos de prueba que iban a sus bares o por su inclusión en Los elegidos de la gloria. Y también hay un bar llamado Pancho’s en Capitán Marvel.

Pero, en esas historias, está un poco al margen del relato principal. Y ella merece ser el centro de la historia, ¿verdad? Definitivamente en el centro de su propia historia. [risas]

Es muy apropiado que ahora haya una celebración del Día de Pancho Barnes en el sitio del viejo Happy Bottom Riding Club. Es una barbacoa que comenzó en los años 80, con bebida y baile que dura hasta tarde en la noche. Es un tributo perfecto para esta mujer que seguramente habría bebido, bailado toda la noche y luego salido a montar a caballo.

Emily: Matt, deberíamos poner eso en nuestra lista de pendientes junto con los globos aerostáticos en Nuevo México.

Pero si alguien tiene alguna duda sobre lo que cimenta su legado, además de que la gente sigue celebrando su vida y la manera en que la vivió, también es muy emotivo recordar que ahora hay un salón en el club de oficiales de la Base Aérea Edwards que lleva su nombre.

Así que, a pesar de toda esa animosidad y todos los problemas que tuvo peleando por sus tierras con la base aérea, alguien en esa base aún reconoce y valora su lugar en la historia.

Entra el tema de AirSpace, luego queda de fondo.

Matt: AirSpace es un programa del National Air and Space Museum.

Está producido por Jennifer Weingart y mezclado por Tarek Fouda; presentado por la Dr. Emily Martin y yo, el Dr. Matt Shindell. Nuestra gerenta de producción es Erika Novak. Nuestra coordinadora de producción es Sofia Soto Sugar, y nuestra administradora de redes sociales es Amy Stamm.

Agradecemos enormemente a la invitada del programa de hoy: la biógrafa Lauren Kessler. Su libro The Happy Bottom Riding Club: La vida y los tiempos de Pancho Barnes fue muy valioso para este episodio. También, el documental de PBS, La leyenda de Pancho Barnes y The Happy Bottom Riding Club.

Gracias también a Dorothy Cochrane, del National Air and Space Museum, por su ayuda con la investigación y los recursos.

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AirSpace está patrocinado por Lockheed Martin y distribuido por PRX.

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